Camilo Salvadó
Investigador independiente
Vamos
a hacer, desde Guatemala, un pequeño aporte a la, en muchos aspectos,
estéril, discusión entre populistas nacionalistas mexicanos y españoles,
en torno a la conquista (o invasión) de América. Más específicamente a
la polémica en torno a la carta dirigida por AMLO al Rey de España en el
año 2019, y a la reactivación de dicho conflicto en 2024. Un primer
punto a dejar claro, es que casi seguramente, dicha carta fue originada
como instrumento populista de propaganda del Estado mexicano. Eso no
está en duda.
Sin embargo, merece recalcarse la otra cara de la
moneda: la falta de comprensión lectora, el sesgo ideológico y la
arrogancia neocolonial del lado de los nacionalistas populistas
españoles (hispanistas). Veamos. Literalmente, el texto de la mencionada
carta es una cordial invitación a que ambos gobiernos, el español y el
mexicano, pidan perdón a los indígenas por los abusos históricos
cometidos. Es decir, no exige a los españoles en general ni a “España”
como país que se disculpen con México o con él mismo (AMLO). Se trata de
un planteamiento a nivel de gobiernos, que ha sido malinterpretado
hasta el absurdo.En todo caso ¿Cuál es el problema con pedir perdón por
abusos pasados?
No pasa nada. El Vaticano ya pidió perdón por los
“pecados” cometidos. AMLO ya pidió perdón a los pueblos indígenas, en
nombre del Estado mexicano. Varios otros Estados modernos (Canadá,
Australia, Nueva Zelandia, Inglaterra, Bélgica…) han pedido perdón a los
pueblos originarios de África, América y Asia por los abusos coloniales
de los siglos anteriores. Una simple cuestión de diplomacia
internacional, más simbólica que otra cosa, fue transmutada
ideológicamente por el hispanismo en una “ofensa” a todo un país. ¿Por
qué no puede el Estado español pedir perdón por abusos reales y
comprobados? ¿Realmente creen que el Imperio español no mató, esclavizó,
explotó ni cometió despojos?
La llamada "Leyenda Negra" es el
caballito de batalla de los hispanistas ante cualquier intento de
analizar con seriedad la historia colonial. Para esa ideología, el
Imperio Español fue “generador”, lejos de invadir y someter a los
pueblos originarios de América, los “liberó”, los “civilizó” etc.
Sin
duda existió y existe una “Leyenda Negra”, impulsada por Imperios
rivales. Sin embargo, la existencia histórica documentada de dicha
campaña de propaganda, no implica ni por lógica ni en la realidad
histórica, la inexistencia de abusos reales por parte del Imperio
español. En realidad, el núcleo de la Leyenda Negra anti española, está
en señalar al Imperio español como el único imperio con dichos
comportamientos, cuando todos los imperios de la historia en cualquier
punto del planeta, se comportaron así. Es lo que hacen los Imperios.
Existe
además una “Leyenda Negra” anti indígena, que niega cualquier mérito o
logro a las civilizaciones y pueblos indígenas, exagerando hasta el
absurdo, prácticas realmente existentes, como los sacrificios humanos.
Resulta irónico ver a los mismos hispanistas que defienden la
Inquisición con sesudos argumentos como “hay que entenderla en su
contexto histórico y cultural”, después negarse a hacerlo con los
sacrificios.
Asimismo, resulta risible escuchar las acusaciones
hispanistas de que los americanos estamos resentidos por eventos de hace
cinco siglos. Si es así ¿por qué se ofenden y se sienten tan dolidos de
que se niege o al menos se matice su gloriosa (e imaginaria) epopeya
civilizadora?
Si nos interesa la historia es por buscar la
verdad, no por resentimientos.La invasión/conquista y el régimen
colonial fueron muy variados, complejos y diversos en tiempo y espacio.
Lo cierto para una zona, puede no serlo para otra. Ese es otro error,
reducir toda la invasión de Mesoamérica o de América solamente con el
episodio o evento puntual de la batalla de Tenochtitlán, cuando en
realidad hay un gran número de historias de alianzas, traiciones,
rebeliones, guerras de décadas y hasta siglos, territorios y pueblos
nunca conquistados o muy tardíamente conquistados, etc.
Podemos
citar como un ejemplos a seguir, las investigaciones del historiador
Pedro Salmerón, centradas sobre todo en el caso de la caída de
Tenochtitlán, aunque esboza algunos elementos sobre otras sociedades
originarias (mayas, apaches, etc.). Su enfoque también resulta muy útil
para entender la diversidad y complejidad de las sociedades y de la
política mesoamericana previas a la invasión, la importancia y el peso
de los ejércitos indígenas en la invasión, el rol de los invasores
españoles en la destrucción del sistema mundo mesoamericano, el peso de
la tecnología bélica y de las enfermedades, entre otros elementos.
El
estar prevenidos contra la Leyenda Negra -la anti española o la anti
indígena- no debe hacernos caer en su contrario, La llamada “Leyenda
Rosa” o “Leyenda Áurea”, operación igualmente ideológica que pretende
presentar al Imperio español o a los Estados y sociedades precoloniales
bajo una luz exclusivamente positiva.
Por ejemplo, la Leyenda
Rosa indígena nos presenta a la sociedades originarias como paraísos en
los que no existía la estratificación social, la pobreza, las
enfermedades o la violencia (se llega incluso a negar la existencia de
los sacrificios humanos o de la guerra), se vivía en completo equilibrio
con la naturaleza, y otras tonterías por el estilo.
Semejante
posición es realmente absurda, por lo que no dedicaremos mucho texto a
comentarla.Baste decir que afirmaciones como esas simplifican
excesivamente e incluso ignoran la amplitud de la historia antigua de
América, así como la diversidad y la complejidad de dichas sociedades.
Solo para el caso de Mesoamérica, sabemos que existían tribus, señoríos,
territorios autónomos con sociedades igualitarias, Ciudades-Estado y
confederaciones o alianzas de Ciudades-Estado (no necesariamente
Imperios). Igualmente, en la amplia historia mesoamericana existieron
desde distintas sociedades relativamente exitosas en lograr una
relación sostenible con su entorno ecológico, hasta Estados
centralizados depredadores, que explotaban a otras sociedades,
deforestaban completamente los bosques, o secaban por completo los
acuíferos.
Por supuesto, ninguna de estas situaciones, ni
siquiera los famosos sacrificios humanos, justifican lo que vino
después. En lugar de esgrimir la prohibición de dicha practica como la
justificación definitiva e indiscutible de la invasión, deberíamos
investigar más y hacernos más preguntas sobre sus funciones simbólico
religiosas, políticas y económicas en Mesoamérica. No perdamos de vista
que el verdadero objetivo del Imperio español y de los conquistadores
era hacerse de riquezas (en especial metales preciosos) y controlar el
trabajo de los pobladores, además de imponer su religión, idioma y
cultura. Los sacrificios no eran practicados por todo el pueblo, era una
práctica de la nobleza, es decir de los grupos que precisamente se
aliaron a los invasores y recibieron por ello algunas prevendas o
conservaron privilegios.
La Leyenda Rosa del Imperio Español,
como ya se adelantó, presenta a dicho Imperio como un “Imperio
generador”: benefactor, liberador, no violento, no extractivo, no
esclavista, no racista, casi "angelical", etc. Una completa desvergüenza
y deshonestidad, que literalmente niega de un plumazo casi un siglo de
investigaciones históricas serias.
Aclaremos: no estamos
defendiendo la tesis de que el Imperio español era la suma de todas las
maldades. Simplemente era un imperio como tantos otros, ni mejor ni
peor.Así, por ejemplo, se nos habla de que el Imperio español “construyó
universidades y hospitales”, enunciado que contiene parte de verdad,
pero oculta realidades estudiadas y documentadas hasta la saciedad. Por
ejemplo, que las universidades coloniales no fueron diseñadas ni
implementadas en ningún momento para la educación de los pueblos
indígenas, sino de los descendientes de los conquistadores, los
criollos. Aunque se hayan documentado algunas excepciones individuales,
por ejemplo miembros de la nobleza indígena o esclavos africanos que
obtuvieron acceso a la educación superior, la verdad es que la gran
mayoría de los pobladores vivían y morían siendo analfabetos.
Respecto
a los hospitales coloniales, podemos afirmar en lo referente al Reino
de Guatemala (y otras regiones mesoamericanas), en apretada síntesis
histórica, que: Primero, los hospitales coloniales eran instituciones
principalmente religiosas, en los que se recogía a los pordioseros, se
les adoctrinaba y en algunos casos se hospedaba a moribundos en estado
de pobreza, generalmente indígenas. No eran lugares para curarse, como
hoy se entiende en la actualidad el concepto de hospital. De hecho, con
la invasión y el régimen colonial, el acceso a a salud en general no
mejoró, sino empeoró: epidemias, nunca hubo suficientes hospitales ni
protomédicos, la atención era segregada, había hospitales para españoles
y otros para indígenas (obviamente los primeros contaban con más
recursos, personal, etc.).
También debe recordarse que
mesoamericanos y españoles manejaban concepciones religiosas sobre salud
y enfermedad, pero los mesoamericanos contaban con la ventaja de
conocer minerales locales, plantas medicinales y sus propiedades,
cuidado a nivel familiar y comunitario, especialistas en salud o
instituciones similares a los hospitales. Inicialmente, estos avances
fueron estudiados y documentados por monjes y médicos españoles, pero
luego prevaleció el enfoque de "profesionalizar" la medicina occidental y
se menospreció y/o reprimió a los/as especialistas indígenas (ahora
considerados "brujas", "curanderos", etc.)
Resumiendo: como ya lo
señaló Severo Martínez Pelaez, los conquistadores y posteriormente los
criollos trajeron adelantos científicos o artísticos, fundaron
universidades, hospitales o catedrales, para su propio provecho y/o
disfrute (como clase y grupo cultural). Existieron cuerpos legales que
regulaban pero no eliminaban las distintas formas de dominio y
explotación del trabajo indígena y africano (Leyes Nuevas y otras). Sin
embargo, la realidad era distinta. Se ha comprobado más allá de toda
duda la esclavitud de indígenas y africanos, el uso de la tortura o la
muerte debida al agotamiento por las condiciones de explotación
“normales”.
De nada sirve que se invoque la Constitución de
Cádiz, que supuestamente otorgaba iguales derechos “a los españoles de
ambos lados del Atlántico”. Este instrumento legal solo se aplicó
durante cuatro años, y a finales de la época colonial, es decir que no
puede explicar ni pudo regir la vida en las colonias los 300 años
previos a su emisión.
Tampoco sirve que se mencione a la
expedición Balmis, dedicada a vacunar a los pobladores americanos. No se
pretende negar las bondades de dicha expedición, pero tampoco olvidemos
que se desarrolló a finales de la época colonial, de modo que poco o
nada sirve para explicar las políticas sanitarias del Imperio español (o
la ausencia de as mismas). Tampoco olvidemos que obviamente el objetivo
no era filantrópico, sino tener trabajadores coloniales relativamente
sanos y productivos. Ni que las enfermedades que pretendía erradicar la
expedición eran precisamente las introducidas por los españoles unos
siglos antes.
Si se presta atención a estos y otros
planteamientos hispanistas, pronto se hace evidente que están hechos
desde una óptica eurocéntrica, y que les resulta imposible posicionarse
desde la óptica indígena, o al menos mostrar un poco de empatía en ese
sentido. Un desprecio total por las fuentes y versiones indígenas. Ya ha
sido ampliamente estudiadas también muchas de estas complejidades cómodamente ignoradas, así como la construcción de relatos falsos sobre
la conquista, tanto de parte del Imperio español como de los posteriores
Estados nacionales e incluso de parte de los mismos indígenas.

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